Desde la Cuenca del Salado (Buenos Aires) – “Está más fuerte que la hermana”, dirían los muchachos del barrio. O ahora debemos decir “redes”, ya que el “barrio” está muriendo entre razones etarias y la cuarentena.

A fines de febrero pasado, pude manejar la Ford Ranger F-150 Raptor. Fue el último test off-road en la pista de pruebas rurales de Autoblog, que casualmente es mi casa. Hasta acá llegó lo más granado del equipo de C.C. y la Revista Miura. Fue como mostrarle un caramelo a un pibe detrás de la vidriera.

C.C. me la prestó un rato. La usé para manejarla un poco por los caminos de tierra y para mostrársela a los muchachos del pueblo. En aquellos días todavía nos podíamos juntar con amigos. Confieso que me hubiera gustado que a esta Raptor le agarrara la Cuarentena en casa.

Ford Argentina, no sé si está claro: me quedé con ganas de probarla durante varias semanas. La manejé en verano. ¿Cómo se comportaría en otoño? ¿Y en invierno, después de un buen temporal y con caminos desafiantes? Quiero más.

La F-150 Raptor te impacta nomás de verla, especialmente de adelante. La parrilla impresiona y se ve el impacto de competir con la GMC Sierra de General Motors (quizá la más “pintona” del sector, leer crítica), pero esta Raptor le “respira en la nuca” y revive la zaga de la querida F100 1960: luce “fuerte”.

Se repite el River-Boca histórico de las dos chatas más vendidas: GM vs. Ford. Fuertes, confiables, lindas, cómodas. Creo que las distancias se acortan en el segmento y los tiempos, enfrentando cada una a su manera el desafío, apelando a nuevas tecnologías.

Más allá del diseño y de las prestaciones, que son espectaculares, hay algo que quiero destacar en estas pick-ups full-size que están llegando a la Argentina. Y acá no me quiero olvidar de la Ram 1500, que también manejé (leer crítica).

Hoy el nombre del mercado es: “Espacio, confort, conectividad y auxiliares de trabajo”. Por ejemplo, hasta hace poco, algo que parecía ajeno al mundo de las chata era el techo corredizo, pero para quien se pasa el día adentro de una pick-up, esa apertura visual y de aireación le da una sensación de amplitud impagable. Es como la famosa “oficina de la esquina, que da signo de status” (Richard Conniff).

Algo que se debe tener en cuenta es que estas chatas, especialmente para quienes las usamos en el campo u otras tareas, se convierten en nuestras posiciones de “Road Office” (una nueva versión del ahora tan mentado Home Office).

Acá no hablo de los que usan las pick-ups para un manejo lúdico, como hace C.C. cuando viene de visita con toda la tropa: llegan, dan unos saltos, se ponen a derrapar, a veces se encajan en el barro, me dejan todo lleno de huellones, se clavan un asado y “si te he visto no me acuerdo”. Hace más de tres meses que no viene por acá y le echa la culpa a un “virus”.

Pero volvamos al usuario normal. Al que usa la chata para trabajar. Por ejemplo, hay que tener en cuenta algunas necesidades específicas, como un mejor “voice handling” (todo lo que sea comunicaciones, por ejemplo). También la posibilidad de un dictado-grabación con almacenamiento externo (pendrive, que ya todas aceptan en sus equipamientos) como para “ir laburando en el camino” sin afectar una conducción segura y responsable.

No hay que olvidarse que quien labura en estas pick-ups se traslada permanentemente, de campo a campo, de potrero en potrero, de cliente en cliente. Viaja al pueblo a proveerse de combustible, repuestos y servicios. Es decir: se pasa todo el día montado en la chata y desde allí llama, responde, pregunta, cotiza, pide precio, hace negocio, etc. El Vasco Tellechea salió un día para Navarro y terminó ese mismo día en una feria en Córdoba, comprando vacas holando y a boca de noche buscando un camionero, para que se las llevara hasta su campo en Buenos Aires.

¿Alguna vez vieron la chata de un veterinario rural? Es una mezcla de farmacia, supermercado y sala de hospital. Si bien acá no es posible aplicar el concepto del “Taylor Made” estricto (algo que sólo hacen marcas muy lujosas) se podría buscar una “confección semi medida”, por ponerlo en términos de vestimenta.

Lo hemos dicho hasta el cansancio: en chatas que cuestan 70 mil / 90 mil dólares no es admisible que ni siquiera te pregunten que dibujo querés en los neumáticos (no pedimos que nos pongan la marca que nos gusta, pero sí al menos denme tres opciones de dibujo: mud, mixto, ruta).

Pero volvamos a la Raptor (Jacinto se engancha y no termina más de reclamar a la industria, así no me van a prestar una chata ni mamados).

Frente a la habitual visión de las chatas “medianas” a que estamos acostumbrados -efecto óptico que te pega cuando vas especialmente a USA y tu chata parece una Fiorino comparada con las yankis– la F-150 Raptor parece cosa seria. Y lo es en gran medida. Ya C.C. se encargó de la crítica técnica (leer acá), así que no repetiré.

Me llamó la atención que, a pesar del look “aparatoso” de ese segmento, la F-150 Raptor -como la Sierra- son absolutamente dúctiles en el manejo. A eso ayuda la posición de manejo, los asientos regulables, la visibilidad de altura, la capacidad de giro, las diez marchas AT.

En el caso de la Raptor, la probamos en caminos de tierra de poca adherencia y al caer después de un salto -ver el video acá– cae recontra bien, ni mosquea al apoyar el tren trasero, gracias a los amortiguadores Fox Racing Shox. Claro que la aerodinámica influye en algo y el peso del motor que la tira un poco de trompa, pero apoya la cola sin inmutarse ya que el largo le da mucho mejor apoyo.

Mirandola de trompa se destaca el protector de cárter abarcando casi toda la trocha interna. Al verla, pensé que era bien robusto, pero es de chapa algo finita, por lo cual no luce como verdadero protector (al revisar aquél video se advierte un cierto “murmullo” cuando apoya el tren delantero y quizás sea un quejido de este adminículo). Pero algo es mejor que nada, especialmente en tema huellones, panzazos, rastrojos de maíz o soja y otras lindeces que ofrece el laburo rural.

Imagino que en zonas de ripio quizás se banque un piedrazo, pero si el obstáculo es cojudo por las dudas es mejor tratar de esquivarlos (si se puede). Ojo al ripio, amigos. Es como decía el viejo Murphy: si algo puede fallar… ¡seguro que falla! Y en ripio andas bárbaro hasta que dejás de estarlo y ahí… la sonaste.

Las “pantuflas” -como en su hermana menor, la Ranger Raptor- son lo más destacable en este aspecto. Las cubiertas 315/70R17 de taco están excelentes. Y eso la distingue de muchas de sus competidoras, a las que largan con zapatillas de baile. Esas son buenas en la ruta, pero cuando las sacás a pasear por otros terrenos te pueden dejar de a pie o hacerte laburar como loco para tenerlas. Por el despliegue y dimensiones (5690 x 2459 y un despeje de 292 mm, quizás se bancaria muy bien una llanta de 18”)

Lo más increíble de la F-150 Raptor es que, a pesar de ser una pick-up deportiva, tiene todo lo necesario para el laburo racional, personal y es lo más confortable posible, sin afectar performance. A diferencia de sus parientes, los autos deportivos, las pick-ups de altas prestaciones también pueden ser cómodas y muy placenteras de manejar todos los días. Es el cohete más confortable del mundo.

Esta Raptor tiene apertura a distancia del portón trasero, escalera y baranda para subir a la caja de carga (Jacinto está esperando que pongan montacarga). Las cuatro fijaciones de la caja y los ganchos de rescate adelante y atrás son muy útiles.

Tambien es destacable el piso protegido de la caja con un revestimiento plástico, que evita un costo adicional y, sobre todo, es muy superior al molesto cubrecaja, que siempre deja filtrar tierra entre el plástico y la caja. Recuerdo que la primera chata que vi con esa pintura especial fue la Great Wall china (leer crítica).

¿Recuerdan la crónica del viaje con la Ranger Raptor, cuando anduvimos por el Norte señalamos la falta de “alegría” del motor 2.0? (leer nota). Bueno, la F-150 Raptor tiene toda la potencia que la Ranger Raptor te negaba: el 3.5 EcoBoost biturbo le calza justo y tiene prestaciones acordes con la pinta.

Con la gama Raptor (Ranger y F-150), Ford hace sus deberes y ofrece dos chatas para los que buscan diversión, además de trabajo. Lo que sí creo que debería hacer es ampliar la gama de la F-150 en la Argentina: no alcanza con la deportiva Raptor (leer crítica) y la lujosa Lariat (leer crítica).  Hay muchos segmentos por cubrir en este rubro de vehículo comerciales.

Pero bueno, acá Jacinto reconoce que sabe un poco más de vacas que de chatas y, en estas, prima su experiencia de vivir y trabajar en el campo. Así que ya me imagino el retruque de los herederos de Henry Ford: “Vos ocupate de tus vacas y dejame a mí las chatas”.

Hasta la próxima entrada, ya sea Post Cuarentena o Cuarentena Light.

J.C.
Aclaración: Nota producida antes del período de Cuarentena decretado por el Gobierno argentino.

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Jacinto Campos midiendo el el 3.5 Ecoboost: “¿Le entrará al tractor?”

Febrero de 2020: Jacinto Campos probó la Ford F-150 Raptor en la Cuenca del Salado. Junio de 2020: entregó su crítica para Autoblog. Lento, pero sólido: como monte de algarrobos.

La Ford F-150 Raptor pasó por las manos de tres críticos de Autoblog.

Leer crítica de Carlos Cristófalo (ingresar acá).

Leer crítica de Jerónimo Chemes (ingresar acá).

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