Texto de Nico Nikola

Estimados lectores, una vez más tengo el honor de dirigirme a ustedes intentando una disrupción, un pequeño debate de ideas y observaciones que nos inviten a pensar y -¿por qué no?-, a hacer una contribución invitando a reflexionar a los protagonistas de este mercado que, como muchos otros en nuestro país, tiene sus particularidades.

Es algo común, en charlas de café, chats o una cena de camaradería, que se debata sobre el tema de los precios de los clásicos, donde sobrevienen distintas teorías y opiniones sobre aquello que es caro, barato o está “en precio”. Casi siempre me encuentro en disidencia. Muchas veces, en contra de mis propios intereses.

Al contrario del precio de los autos usados -ya sean seminuevos o con más años a cuestas-, el precio de referencia está en la unidad cero kilómetro o un equivalente en el segmento. La ecuación de oferta y demanda juega un rol fundamental que arroja un haz de luz sobre los valores basados en un número razonable de transacciones registradas. Es decir: datos estadísticos verificables.

En el caso de un auto de colección, la cosa no es tan sencilla. En primer lugar, nunca hay un gran número de transacciones conocidas. Sus precios son aspiracionales o indicativos. En algunos casos, es justo decir que existe un acuerdo general del precio relativo, que luego se verá ajustado por las condiciones de la unidad. En otros, no. Una de las variables tenidas en consideración es el precio de la unidad en otros mercados, afectadas por los costos y gastos teóricos de una importación.

Esto suele ayudar. Aunque lejos de ser una verdad revelada, para algunos autos es algo sensato y razonable. Otros factores que inciden en el precio son los costos de una restauración, variando mucho según la disponibilidad de repuestos y condiciones del casco. Sin embargo, la discusión se termina cuando comprador y vendedor logran estrechar sus manos. Cuando dicha transacción no está “ensuciada” con permutas, revoleos y diferencias arbitrarias. En este caso, cada quien hará los números que le convenga y lo proteja de una herida narcisista.

Cada mercado tiene sus preferencias y sus señas particulares. Argentina no es la excepción. Sin embargo, como todo mercado, es imperfecto y en muchos casos los principales jugadores lejos de construir valor, lo destruyen.

Desde 1999 existe un régimen que permite importar unidades con más de 30 años de antigüedad. Esta ha sido una maravillosa idea que ha permitido no sólo enriquecer el parque, sino que también ha logrado repatriaciones valiosas. Con posteriores modificaciones en 2018 (ver normativa), este recurso ha ido ganando en adeptos, experiencia y con ellos agilizado los procesos.

En un escenario donde además de escasear divisas existe un desdoblamiento del tipo de cambio, una nueva modificación comunicada este septiembre, agrega una dosis desalentadora de burocracia y controles (ver resolución).

Nada que con inteligencia y capacidad profesional no se pueda gestionar. Muchos y legítimamente han hecho de esta regulación un buen negocio. Otros han comprado el auto de sus sueños, pero en todos los casos se han hecho las cuentas buscando optimizar la operación y preservando la unidad como reserva de valor, algo intrínseco al coleccionismo. “El tiempo está a tu favor”, dice un viejo adagio en torno a cualquier pieza de arte o de colección. Esto es especialmente comprobable con automóviles.

¡Pero atención! El valor más importante a tener en cuenta como variable es el precio de mercado local y esto es un “must do” a la hora de hacer los primeros garabatos. La pregunta que uno debe hacerse antes de deconstruir el número es: ¿cuánto puede valer este auto en Argentina?. Lo cual, menos los gastos importación en el orden del 120% al 150% del valor FOB, restados otros gastos deben alcanzar el precio de compra o precio target.

Estos primeros cálculos dejan afuera un número importante de opciones, modelos y versiones. En el opuesto, existen otras alternativas que se han constituido como la “Mercancía Reina” (si se me permite la degradación del término).

Debo decir que muchos están cometiendo un grave error, por exceso de entusiasmo, falta de análisis o impericia. Cualquier precio se basa principalmente en una oferta en comunión con la demanda y no existe mayor manera de destruir un precio de mercado que minarlo de opciones. Es decir, incrementar irracionalmente la oferta.

Los argentinos, esto da para toda una nota, tenemos algunas fascinaciones y fetiches, que obviamente tienen que ver con nuestra historia, cultura e idiosincrasia. En el mundo de los automóviles, los ejemplos aparecen por doquier, habiendo algunos que llevan la delantera.

Los de mi generación asociamos al Chevrolet Corvette con la serie El Mago con Bill Bixby, el número uno de Jet, versiones varias de Matchbox o los imperfectos Grand Prix. Un auto soñado que sólo se podía ver en persona si uno se cruzaba con Sandro en las cercanías de Banfield o si teníamos la suerte de viajar a Estados Unidos. Un deseo colectivo e indiscutido, aún en las versiones menos agraciadas, como las últimas del C3 (con innecesaria y desproporcionada musculatura como lo fue la versión 25 aniversario, de dudoso gusto y absurda combinación de colores).

Décadas después, calculadora en mano y sin un despojo de pasión o racionalidad, nuestra adorada bestia se había convertido en la “Mercancía Reina” tan valorada. Deseo y matemática en una sinfonía irresistible. El régimen de importación de clásicos nos ponía frente a la oportunidad de rentabilizar un sueño, hasta que ocurrió lo inesperado aunque evitable.

Existen hoy publicados en Argentina un total de 52 Chevrolet Corvette: 35 de ellos son C3 – cuya ecuación de compra se veía más atractiva, a la luz del cálculo teórico- con precios que van de 54 mil a 140 mil dólares. En mi opinión, es un exceso absoluto de oferta, que sólo puede erosionar el precio y destruir valor. Una ecuación tan virtuosa y generosa ha sido desafiada detrás de una acumulación indiscriminada de unidades que nada tiene que ver con el tamaño del mercado local.

En este contexto, sólo unos pocos lograrán satisfacer sus expectativas. Muchos otros o bajan de precio o serán exhibidos en agencias y garages por incalculable cantidad de tiempo.

No es el único caso. Lo mismo ha ocurrido con los Mercedes-Benz SL (R107 y 113). Hoy en Argentina hay publicados a la venta unos 40 ejemplares, con precios que oscilan entre los 67 mil y 215 mil dólares. Es otro ejemplo de desproporcional desequilibrio de mercado.

Hay algo que empeora aún más este escenario y son las tendencias en el mercado europeo y americano, que suelen ser desoídas o destratadas por el mercado local.

El Hagerty Market Index (algo así como el Dow Jones, el Nasdaq o el Merval, pero para autos de colección), hoy muestra una alentadora recuperación en el mercado Post Covid-19, con un valor para septiembre de 67.9 (igual al mercado pre-pandemia). Es el quinto mes consecutivo que muestra una notable performance. A modo de referencia, el valor más alto del que se tenga registro es el de mayo del 2015, con un guarismo de 71.95, siendo el más bajo el de septiembre del 2020, cuando llegó a un piso de 58.95.

Hasta hora, todas buenas noticias. Sin embrago, siempre hay un “pero”. Las mejoras en los niveles de transacción no han sido parejas. Por el contrario, ha habido ganadores y perdedores. Por el lado de los ganadores están aquellos que han mejorado sus precios y niveles de transacción. Son -y contra todos los pronósticos- los imparables Porsche 911, con un 15% de aumento, habiendo un ganador absoluto como lo fue el BMW E9 3.0 CSL, con un 21%.

En cuanto a la categorías más revalorizadas, están los “Affordable Cars” -autos más accesibles- con un precio promedio de 29 mil dólares, cuyo indicador ha mejorado un 9%.

¿Me preguntan por lo perdedores? Aquí van: americanos de los ’50, con un valor promedio de 103 mil dólares, cayendo un 7%. A la vez que nuestros deseados y valorados “Muscle Cars”, categoría que alcanza, sin consideraciones mayores si son Small o Big Block, al sujeto de esta nota “El Vette”, con la mayor caída de todas la registradas: -15%. Si este último dato no invita a reflexionar a futuros importadores, entonces no me hago cargo: yo se los advertí.

Finalmente, me voy a atrever con algunas sugerencias. Hagerty cotiza los autos clásicos segmentados en cuatro grados o estados: Fair, Good, Excellent y Concourse (es decir, de “aceptable” a “estado de concurso”). He usado el cotizador del sitio para seleccionar algunos modelos que yo consideraría como una opción atractiva y prometedora, teniendo en cuenta la escasez, la evolución del índice y el gusto argentino.

En primer lugar, el Alfa Romeo 1750 GTV, cuyo valor arranca en 27.135 dólares, llegando a costar en estado de concurso 69.120 dólares. Luego y habiéndolo seleccionado justamente porque siendo un auto relativamente popular en Uruguay -aquí pueden pasar años si encontrar uno a la venta- está el BMW 2002 de primera serie, que es un buen exponente para este análisis, con un precio de entrada de 13.230 dólares, para alcanzar valores de 35.640 en las unidades perfectas. Ya mencionado en esta nota, un auto que me encanta es el BMW E9 3.0 CS 1973, de exquisitas formas e indudable vigencia. Este teutón arranca en 17.010 dólares, trepando a niveles estratosféricos para las unidades en condición de ser exhibidas en un show, llegando con valores de referencia del orden de los 102 mil. Estoy tentado en seguir con la lista. De todos modos, son sólo ejemplos y lo mejor es detenerme aquí.

También me asustan estas cifras, lejos de mi presupuesto, aunque muy cerca de mi corazón. Como siempre y en cada nota, los dejo con los datos para que ustedes saquen sus propias conclusiones.

Para terminar, un humilde mensaje.

Señores formadores de precios, abran sus mentes y miren al mundo. El desenganche es peligroso. Trae consecuencias inevitables y dolorosas. El mercado argentino está dañado. No hay nuevos entrantes al hobby y el segmento se ha enfriado como témpano: ánimo y reconsideren los precios. Es la única alternativa posible a un camino de recuperación. En cuanto a futuras importaciones, descarten un Corvette y sepan esperar: ya hay demasiados en nuestras pampas. Existen otras increíbles opciones a un lado y otro del Atlántico.

N.N.

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Scuderia Fiat

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